Morir de Frio

"Quien dijo que los muertos no hablan, quien dijo que los muertos no salen, ahí están, ahí los vemos mostrándonos, no sus miserias ni sus penas, sino las miserias y las penas de un régimen que a pesar de las décadas sigue ahí como si nada"

Carlos Bauza
January 18, 2011

Cuando escribí el artículo sobre “Amon Goeth y la Venezuela de hoy” resalte uno de los cientos de asesinatos cometidos por Goeth durante su ejercicio como militar Nazi, una nota que a pesar de su crueldad tal vez pasó desapercibida por el tiempo que ha pasado o porque el ser humano tiende a tener una memoria muy corta de los acontecimientos que no le conviene recordar. Sin embargo hoy esas imágenes del nazismo vienen nuevamente a mi mente cuando veo los cuerpos de los viejitos cubanos que murieron de frio, de hambre y de mengua en el hospital de Dementes de Cuba “Mazorra” quienes en pleno siglo 21 parecieran fantasmas sacados de Auschwitz que se materializan para restregarnos en la cara que en el hemisferio occidental, en nuestro cálido Caribe también se puede morir tan cruelmente como en el frio Auschwitz. Solo que en esta vez el campo de concentración en tan grande y enorme que cubre todo un país y en este caso en particular una isla completa que algunos adoradores del comunismo y del mal suelen llamar “El mar de la felicidad” o sea Cuba. Una isla cárcel que no deja de asombrarnos cada día y que ahora los fantasmas de su realidad llegan a nosotros a través de la tecnología y las redes sociales como los médiums en otros tiempos lo hubieran hecho. Quien dijo que los muertos no hablan, quien dijo que los muertos no salen, ahí están, ahí los vemos mostrándonos, no sus miserias ni sus penas, sino las miserias y las penas de un régimen que a pesar de las décadas sigue ahí como si nada.

Los viejitos para mi tienen un sentido muy personal pues crecí en una familia cumanesa donde el promedio de las edades de sus miembros ya los colocaba como de la tercera edad y donde desde muy niños nos acostumbraron a respetar y darles todo el amor y todo el apoyo que hasta sus últimos días necesitaran. Mis viejos murieron rodeados de amor, murieron ancianos porque Dios así lo quiso pero fueron muertes dignas rodeadas de sus seres queridos y del calor humano que toda una vida les gano en el amor de todos nosotros. Sus muertes me dolieron profundamente pero también me confortaron al ver hacia tras tantas historias sembradas de logros y de honor y porque también me acompañan y protegen por siempre hasta que en un futuro, Dios decida el mejor momento en que nos volvamos a encontrar. Aprendí de mi mamá cada vez que veía un viejito pidiendo en las calles de Caracas darle la limosna y agradecerle siempre a Dios por que los míos no tuvieron ese tan lamentable destino. Mis viejos murieron en casa, en una cama caliente, con sus manos entre lazadas a las nuestras, nunca molestaron, nuca estorbaron todo lo contrario eran un compromiso de sangre el poder brindarles todo lo que necesitaron en sus últimos días y compartir con ellos tantas historias que durante muchas noches me contaban y me transportaban a otros tiempos, a otros paisajes. Para mí alma lo mejor es saber que entraron en su viaje a nuevos mundos rodeados del amor y del recuerdo que siempre me acompaña y que ahora que siento los años y la distancia pasar, espero y aspiro me llegue de la misma manera.

Tal vez sean esos hermosos recuerdos que tengo que viendo estas imágenes de Mazorra siento una mezcla de tristeza e impotencia, porque no reconozco tanta maldad, tanta crueldad, porque un viejo al igual que un niño depende de nosotros y no de ellos y más en este caso donde probamente tenían alguna deficiencia mental causada tal vez por tanta hambre, por tanta falta de humanidad que los convirtió en fantasmas de una sociedad ya por demás destruida por el comunismo que los oculta, los rechaza, pensando que nunca nadie los reclamaría y así hubiera sido a menos que ese alguien que tomo las fotos los mostrara al mundo y los lanzara a la gloria que el reconocimiento y el respeto que desde aquí estamos en capacidad de darles les otorga. Ya no son anónimos fantasmas salidos del Auschwitz de Cuba, ahora son universales, ahora son nuestros viejos y todos tenemos la enorme responsabilidad de darlos a conocer y mostrar al mundo tanto horror para que no se repita nuevamente. Tal vez mi sentimiento de pena se mezcle también con la rabia de saber que este modelo hospitalario, de sociedad y de gobierno sea el que el presidente de mi país quiera implantar en Venezuela como modelo de su revolución.

Recuerdo que una de mis tías abuelas en Cumaná contaba que tenía una amiga emigrante polaca de la guerra que cuando le preguntaban de donde era decía que ella no tenia patria, una expresión que hasta hace muy poco nunca entendí pero que ahora retumba en mis oídos al entender que ya no somos de allá pero tampoco somos de aquí y más cuando muchos nos critican por vivir en el exilio y haber salidos de países como Cuba o Venezuela donde el futuro fue expropiado y las verdades solo salen ocasionalmente a flote a través de fantasmas como estos. Pero a esos que nos critican tanto les digo si acaso Simón Bolívar es menos Libertador por vivir y morir en el exilio o pedir a sus conciudadanos emigrar cuando en un país el poder se apodere de la razón. Creo que de ser así la historia de la humanidad no se hubiese escrito y ahora donde el escribir no está atado a un papel o a un libro, el vivir o no en un país ya no importa tanto como el sentimiento de nacionalidad que arraiga en el corazón. Estos viejos que murieron de frio han emigrado también o nuevos mundos alcanzando la libertad que nunca tuvieron en vida, una libertad que molesta a pocos y espero duela a muchos al ver las imágenes de las miserias y las penas de un régimen que a pesar de las décadas sigue ahí como si nada.

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